La piel fría

Huyendo en parte de su pasado como activista del IRA, el protagonista llega a una diminuta isla perdida en el océano donde la única edificación es una cabaña del meteorólogo y un faro. Su primera sorpresa consiste en comprobar que el único habitante de la isla no sale a recibirle, pero pronto esto se convierte en un detalle sin importancia cuando descubre que el faro es periódicamente atacado por seres procedentes del mar cuyos objetivos nadie conoce. No tarda en unir esfuerzos con el defensor del faro, Batis Caffó, pero con el paso de los días, y sometido a la extrema tensión de los ataques nocturnos, empieza a replantearse su actitud hacia los supuestos monstruos marinos.

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He conocido esta novela gracias a su recién estrenada adaptación cinematográfica y, aunque no he visto el trailer, las pocas imágenes sueltas que he visto por distintos medios, picaron mi curiosidad.

Confieso que me esperaba algo lovecraftiano. No ha sido así. ¿Decepción? Para nada. Incluso me atrevería a decir que me he alegrado al no ver apenas similitudes porque, como se suele decir, las comparaciones son odiosas, y podría no disfrutar tanto de esta historia de Albert Sánchez Piñol.

Nunca hubiera pensado que el infierno podría ser algo tan simple como un reloj sin agujas.

Hay acción desde las primeras páginas y no decae. Lo único que me desconectó un poco fue el cambio de narración durante el capítulo donde leemos las entradas de diario. En este caso no me gustó. Por lo demás, genial. Tres personajes, de los cuales sabemos el nombre de uno, se intuye el nombre de otro y nunca se llega a decir el del otro. Desesperación, angustia, fe, esperanza, resignación, … son algunos de los sentimientos que pululan a lo largo de las páginas.

Hay ocasiones en que negociamos nuestro futuro con el pasado. Uno se sienta en la roca apartada y hace esfuerzos por conseguir un pacto entre aquello que fue, grandes derrotas, y aquello que todavía ha de venir, auténtica oscuridad.

No es tan solo una historia de terror. Hace reflexionar sobre cómo nos enfrentamos al cambio, cómo nos relacionamos en situaciones límite y cómo podemos llegar a actuar con los que son diferentes. Muchos pensamientos del protagonista se han convertido en frases subrayadas.

Un tanto repetitivo y predecible, sobre todo llegando al final pero disfrutable igualmente.

Por eso era todo tan triste, porque el faro me descubría que saber la verdad no cambia la vida.

Puntuación: 6/10

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Oso

La joven e introvertida Lou abandona su trabajo como bibliotecaria cuando se le encarga catalogar la biblioteca de una mansión victoriana situada en una remota isla canadiense, propiedad de un enigmático coronel. Ansiosa por reconstruir la curiosa historia de la casa, pronto descubre que la isla tiene otro habitante: un oso. Cuando se da cuenta de que este es el único que puede proporcionarle algo de compañía, surgirá entre ellos una extraña relación. Una relación íntima. Inquietante. Nada ambigua. Gradualmente, Lou se va convenciendo de que el oso es el compañero perfecto, y emprende un camino de autodescubrimiento. En todos los sentidos.

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De nuevo, aprovechando mi convalecencia y el tiempo libre, parte de la tarde del domingo se la he dedicado a la lectura. A uno de esos libros que llevaba mucho tiempo queriendo leer y que, sin pretenderlo, ha coincidido en el mes en el que muchos blogs se sumergen en la iniciativa de leer a autoras. «Oso», además de estar escrito por una mujer (Marian Engel), está protagonizado por una mujer y el resto de personajes con más  importancia o poder también lo son. Al igual que su traductora (Magdalena Palmer) y la ilustradora (Gabriella Barouch)

No recuerdo cómo descubrí su existencia, ni recordaba el argumento. Sabía que había sido polémico pero no recordaba el por qué. Cuando fui adentrándome en la historia, lo descubrí.

Incluso en las escenas más explícitas y bizarras Marian Engel tiene una sutileza bella, una forma de contar los hechos que, aunque el lector no llegue a verlo como algo natural, no se escandaliza ni le repugna.

En cuanto a la trama, me dio la impresión de que la investigación de Lou estaba contada de manera que quedase en segundo plano y en primer plano la historia personal de Lou, con pocos detalles la conocemos bastante bien.

El final me dejó un tanto fría. Leyendo el capítulo se sabe a la perfección que es el último pero… no sé, esperaba unas líneas más. Quizá por la costumbre de que, en este tipo de historias, me encuentro con epílogos y este no ha sido el caso.

Por cierto, he leído que Marian Engel fue una activista por los derechos de los escritores y que era admirada por Robertson Davies, Margaret Atwood o Alice Munro, entre otros. Además de haber ganado el premio Governor General’s Literary en 1976 por este libro.

Puntuación: 6/10

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Heart Beat

 

Eva, una adolescente que sufre bullying a causa de su origen humilde, es testigo de una horrible escena: Donatien, el chico más popular del instituto, bebiendo la sangre del cuerpo sin vida de otra compañera.

Eva queda fascinada por el macabro acto y, en vez de delatar al asesino, se embarca junto a él en una retorcida y peligrosa relación.

 


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No conocía la existencia de este cómic ni de María Llovet hasta hace un par de meses, cuando me lo regalaron. Y nada más echarle un vistazo sabía que tenía muchas papeletas para gustarme (aunque el rosa de la portada me sigue chirriando los ojos y eso que cambia a una especie de morado según la luz).

Llevaba todo el mes sin coger un libro y, ayer, aprovechando que estaba convaleciente, me decidí a leerlo.

El dibujo es estilo manga y en combinación con unas escenas totalmente cinematográficas, crean un efecto que me ha gustado mucho. Al igual que la forma en la que está narrado, con esos pensamientos y reflexiones pululando por las viñetas y esa oscuridad y ese romanticismo gótico que impregna cada página.

Ha sido una grata sorpresa llena de violencia, sexo y venganza que hará reflexionar un poquito sobre determinadas cuestiones. Además, viene con una lámina chulísima firmada por Llovet.

Puntuación: 7/10

El aciago demiurgo

En este libro se dedican páginas magistrales al conflicto entre politeísmo y monoteísmo, cuyas repercusiones filosóficas y políticas están muy lejos de haberse mitigado; aquí se hacen inolvidables reflexiones sobre el suicidio, se aprovecha una visita a un museo paleontológico para meditar sobre la corporeidad humana o se subraya la necesidad e imposibilidad, juntamente, de la liberación según el Buda.

 

 

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Acabo de conocer a Emil Cioran y ya sé que, seguramente, no le gustaría que hablase de él pero como está muerto, no se va a enterar.

Su obra «El aciago demiurgo» llegó a mí durante una charla con un amigo. Fue decirme un par de detalles sobre su corriente filosófica y querer leerlo YA. Y es que… ¿cómo podría resistirme a leer un ensayo de corte pesimista, nihilista y que aboga por el suicidio?

Cioran le ha dado palabras a muchas de mis sensaciones y pensamientos que nunca supe expresar. Es triste tener que recurrir a palabras de otros pero mucho más no encontrarlas nunca.

Diría que hay que escoger el momento para adentrarse en su lectura, sin embargo… ¿existe el Momento Adecuado para leer esta clase de obras?

Mi parte favorita ha sido el capítulo sobre el suicidio. Aunque el capítulo sobre Paleontología tampoco está nada mal. El capítulo sobre religión tampoco tiene desperdicio aunque no ha llamado tanto mi atención por ser un tema más manido en estos ambientes filosóficos.

Y como he subrayado la mayor parte del libro, me callo ya y dejo algunos de esos fragmentos para que, si hay alguien que no lo conozca y tenga curiosidad, sepa por dónde van los tiros.

Alguien completamente bueno nunca se resolverá a quitarse la vida. Esta proeza exige un fondo —o restos de crueldad. El que se mata hubiera podido, en ciertas condiciones, matar: suicidio y asesinato son de la misma familia. Pero el suicidio es más refinado, en razón de que la crueldad hacia uno mismo es más rara, más compleja, sin contar que se le añade la embriaguez de sentirse triturado por su propia conciencia.

***

Nadie se mata, como se piensa comúnmente, en un acceso de demencia, sino más bien en un acceso de insoportable lucidez, en un paroxismo que puede, si se empeña uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su límite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la razón.

***

Se debería por decencia elegir uno mismo el momento de desaparecer. Es envilecedor extinguirse como se extingue uno; es intolerable verse expuesto a un fin sobre el que nada se puede, que te acecha, te abate, te precipita en lo innombrable. Quizá llegue el momento en que la muerte natural esté totalmente desacreditada, en el que se enriquecerán los catecismos con una fórmula nueva: «Dispénsanos, Señor, el favor y la fuerza de acabar, la gracia de borrarnos del tiempo».

***

El futuro, ese precipicio, me aterra hasta tal punto que me gustaría ver desaparecer hasta la idea de él. Pues es en el fondo ella, mucho más que el deslizamiento hacia el abismo que encubre, lo que me angustia y me impide saborear el presente. Mi razón se tambalea ante todo lo que llega, ante todo lo que debe llegar. No es lo que me espera, es la espera en sí, es la inminencia como tal, lo que me roe y me espanta. Para hallar un simulacro de paz necesito aferrarme a un tiempo sin mañana, a un tiempo decapitado.

***

Mientras que la tristeza se justifica tanto por el razonamiento como por la observación, la alegría no reposa en nada, pertenece a la divagación. Es imposible ser feliz por el puro hecho de vivir; se está triste, por el contrario, desde que se abren los ojos. La percepción como tal vuelve sombrío, los animales son testigos. Sólo los ratones parecen estar alegres sin esfuerzo.

Puntuación: 7/10

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Imposible pero incierto

Córdoba, años 90. Dos estudiantes universitarios deberán enfrentarse a una secta de adoradores de los mitos de Cthulhu para evitar que despierten un terrible mal, resolviendo de paso unas misteriosas desapariciones. Humor, ficción absurda y terror al estilo de Lovecraft te esperan entre sus páginas.

Una emocionante búsqueda los llevará a entrometerse en los siniestros planes de una secta destructiva que intenta despertar un mal antiguo y monstruoso que yace dormido en las entrañas de esta urbe milenaria.

 

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Si Lovecraft y los Monty Python escribieran algo juntos, sería algo parecido a lo que encontrarás en este libro.

Si ya de por sí la sinopsis me causó curiosidad, esa frase no hizo más que acentuarla. Con estos ingredientes es muy fácil convencerme, qué le vamos a hacer.

Aunque también diré que para el humor soy un tanto tiquismiquis, sobre todo en literatura. Pocos libros de humor han conseguido gustarme. Así que por ese lado no tenía el disfrute asegurado al 100% con esta historia.

Y aunque no he soltado ninguna carcajada, me he reído mentalmente con alguna escena. Un humor absurdo que es tan absurdo que se crean escenarios y personajes tan reales que sabes que puedes encontrarlos en la vida 1.0. Un “fallo” ha sido una referencia en concreto a cierto humorista español que, en mi opinión, queda un tanto desfasada. Y ha habido “burlas” o “gracias” que me han hecho fruncir el ceño pero, como digo, soy especialita para el humor. Pero vamos, aun así, no hay queja. Me gusta el humor destilado aquí. La mezcla ha salido muy bien.

Por lo demás, la historia en general me ha gustado. Gracias a algunas referencias he viajado a mi más tierna infancia, adolescencia y a situaciones que toda persona que escucha rock/metal y haya jugado a rol, ha vivido alguna vez en su vida.

También me ha gustado porque se trata el tema de Cthulhu un poco como me lo tomo yo la mayoría del tiempo: de risas. Se agradece que no todas las historias inspiradas en él sean serias.

La historia está ambientada en Córdoba y desconocía los hechos relatados, los cuales se pueden ver recortes de prensa reales en el blog del autor. ¡Lectura interactiva!

Al acabarlo he ido directa a comprar otro libro de R. R. López —la precuela—. Con eso os digo tó.

Puntuación: 7/10

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Hasta la última suela

«Cuando por un sitio no se puede pasar, hay que pasar. Se trata precisamente de eso». En esa frase de Albert Mummery, casi a modo de proverbio, se cifra el impulso inevitable que empuja a los seres humanos a adentrarse en las montañas.

Los cinco relatos que componen Hasta la última suela, buscan explicar ese mismo impulso, pero son además un apasionado canto a todas aquellas personas que se lanzan pendiente arriba, con el único objetivo de alcanzar el sueño inútil de una cumbre o una escalada de dificultad.

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De Gabriel Rodríguez García había leído otro libro de relatos (entrada aquí), el cual me había gustado mucho y por eso tenía curiosidad y ganas de leer algo más del autor. Y no me ha defraudado.

Me han gustado los cinco relatos. Cada uno tiene un no-sé-qué especial. Quizá sean los personajes, las historias en sí, el modo de narrarlo o todo a la vez pero no hay ninguno que me haya parecido flojo. Aunque siempre recordaré el comienzo de «Here Comes The Sun»:

No me gustaría ser malinterpretada si digo que mi hermano es un poco gilipollas; lo digo porque creo que todos los hermanos mayores son un poco gilipollas cuando ejercen como hermanos mayores y no porque crea que el mío sea especialmente gilipollas. Es gilipollas dentro de lo normal, podríamos decir.

También me agradaron los diferentes tonos, ritmos y lenguaje que tienen entre sí los relatos. Todos distintos pero con un nexo común: la montaña y las personas apasionadas por escalarlas.

Se nota que el autor es un escalador experimentado. No solo por el uso de los términos —fáciles de entender para los que no estamos metidos en este mundillo—, sino por todo el conocimiento y pasión que desprenden sus palabras.

Puntuación: 7/10

El hombre que se enamoró de la luna

En 1880, en Excellent, Idaho, Cobertizo es violado a punta de pistola por el hombre que esa misma noche asesinará a su madre india. Ida Richelieu, prostituta y alcaldesa del pueblo, se encargará desde entonces de su crianza. Historia de una educación y de una iniciación, «El hombre que se enamoró de la luna» persigue el camino místico de Cobertizo en busca de su propia identidad, un camino sembrado de falsas pistas. Una novela evocativa y carnal, que celebra la sexualidad en todas sus formas y manifestaciones, que no se detiene ante la violencia y que es, ante todo, una reflexión poética sobre la caída del lenguaje.

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No iba a escribir una entrada sobre este libro porque me resulta bastante complicado expresar todo lo que me gustaría resaltar o explicar por qué me ha parecido tan bueno y, a veces, cuando siento que no le haré justicia a la obra de un autor, me limito a dejar unas pocas líneas en Instagram. Pero siendo uno de esos libros especiales que no deja indiferente a nadie, debía hacerlo.

En algunos aspectos no es una novela fácil. Onírica, poética, dura y sexual. Tom Spanbauer describe de una forma muy directa y sin tapujos todo tipo de escenas. Una novela donde la homosexualidad o la transexualidad no están llenas de estereotipos, sino que las vemos a través de los ojos de estas tribus de indios americanos y de las demás gentes del lugar. A sus ojos no hay nada de malo en ser berdaje o en ir en busca de hombres, siendo hombres, para obtener placer. No debería comentar esto, porque no es lo más importante del libro pero, en una época (la actual), en la que la mayoría de personajes homosexuales existentes son clichés con patas y hacen un flaco favor, me veo en la “obligación” de resaltarlo.

Pero es más que todo eso. Es una historia de historias. Donde poco a poco iremos conociendo a los personajes a través de las mentiras o verdades que se/nos cuentan. Algunas historias no me cuadraban del todo, sabía que había algo escondido y, aun así, el final me ha sorprendido.

Merece mucho la pena acompañar a Cobertizo, un personaje al que se le coge cariño fácilmente. También a Ida. A  Dellwood y a Alma también, aunque de una manera no-tan-tierna, cada uno a su manera.

Gracias por descubrirme esta novela, John V. Eisengrim.

Puntuación: 8/10

Nada

 

Andrea llega a Barcelona para estudiar Letras. Sus ilusiones chocan, inmediatamente, con el ambiente de tensión y emociones violentas que reina en casa de su abuela. Andrea relata el contraste entre este sórdido microcosmos familiar —poblado de seres extraños y apasionantes— y la frágil cordialidad de sus relaciones universitarias, centradas en la bella y luminosa Ena. Finalmente los dos mundos convergen en un diálogo dramático.

 

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Viendo el icono vacuno, ¿para qué andarme con rodeos? Novela adorada por muchos y que a mí no me ha dicho nada. (No, no pretendía hacer ningún chascarrillo).

La empecé con muchas ganas, de verdad. Ni siquiera había leído la sinopsis para no condicionarme y para no montarme ningún tipo de película. Los dos primeros capítulos no me entusiasmaron pero pensé que, bueno, a veces una historia tarda en arrancar y que debía seguir leyendo.

Me puse en situación, como hago con todos los libros. He tenido en cuenta la época y el estilo. Pero ni con esas. Me ha aburrido de principio a fin. Estuve a punto de abandonarlo más de una vez pero me daba rabia porque es una novela corta y sabía que no perdería demasiado tiempo con ella.

Técnicamente no está mal. Entiendo por qué dicen que, literariamente hablando, es bella. Mi problema no ha sido la manera en la que Laforet ha escrito «Nada», sino con la historia en sí. En ocasiones sentía los párpados pesados. Éche o que hai.

Puntuación: 4/10

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Jude el oscuro

 

Esta es la historia de un doble fracaso: el de un ideal de pareja fuera del derecho de familia. Novela fuerte y dura que, pese a la densidad de su entramado conceptual, entra de lleno en el modelo de relato realista. En el momento de su publicación en 1895 fue la primera novela que expuso claramente y sin tapujos la cuestión de las relaciones sexuales como un problema filosófico y vital abierto al debate público, cuestión que causó un gran escándalo y Thomas Hardy fue duramente atacado.

 

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Agarraos, porque creo que me va a quedar un comentario largo y ¡AVISO! lleno de spoilers, ya que lo he estado pensando y no sería capaz de hablar de esta obra de Thomas Hardy sin desmenuzarla un poco y con un montón de fragmentos. Y, aun así, sé que mis palabras no le harán justicia.

«Jude el oscuro» fue escrita en 1895 y ambientada en Wessex del mismo siglo. En esa época causó gran revuelo y hasta un obispo la quemó en público. Hay gente que dice que sus críticas sociales han quedado muy obsoletas, que todas las cuestiones que trata el libro ya están superadas y yo me pregunto si hemos leído el mismo libro. Si bien es cierto que algunas de ellas sí o, al menos, ya no se criminalizan tanto, otras siguen escandalizando a la sociedad y darse cuenta de lo poco que se ha avanzado en poco más de 100 años —que se dice pronto—, asusta.

Hay cuatro personajes bien definidos:

Jude. Un chico idealista que simplemente quiere vivir como siente, sin importarle lo que los demás opinen. De ideas y sentimientos claros. Comprensivo y muy paciente con algunas personas/situaciones.

(…) Se daba cuenta de que, a medida de que te haces mayor, y sientes que te hallas en el centro de tu existencia y no en un punto de su circunferencia como cuando eras pequeño, te da una especie de escalofrío.
Por todo tu alrededor las cosas parecen brillar, deslumbran, alborotan, y sus ruidos y destellos lastiman a esa pequeña célula que es tu vida, y la trastornan y la confunden.
¡Si pudiera él dejar de crecer! No quería llegar a ser hombre.

Arabella. Una mujer adelantada a su tiempo, dejándose llevar por sus instintos y entendiendo el sexo como un acto placentero, en vez de como una obligación. Es libre y le importa tres pepinos las habladurías.

Sue. No es asexual pero tampoco siente un deseo sexual fuerte y no le da importancia. También es una mujer adelantada a su tiempo pero diferente a Arabella. Sue, a pesar de que tiene ideas muy diferentes del resto de la sociedad sobre las relaciones, sufre en gran medida con el “qué dirán” y con su manera de ver las cosas. Cuando hace algo que le apetece se auto impone una penitencia y hace otras cosas simplemente porque es lo que la sociedad espera que haga. Es muy dramática, muy histriónica y eso me ha puesto de los nervios en varias ocasiones pero queda compensado con algunas de sus frases. Unos cuantos «zasca» bien dados. Pondré varios ejemplos más adelante.

—(…) la gente de nuestro alrededor va a hacer que sea también imposible. Sus ideas sobre las relaciones entre hombre y mujer son muy limitadas (…). Su filosofía sólo reconoce un tipo de relación basada en el instinto animal. Para ellos resulta desconocido el ancho campo de un gran afecto en el que el deseo desempeña cuando más un papel meramente secundario: el papel, ¿cómo diríamos?, de una Venus Urania.

Phillotson. Un hombre mayor del que se esperaría un pensamiento arcaico pero sorprende por todo lo contrario. Se casa con Sue y ésta un tiempo después le pide libertad. Él, en vez de obligarla a vivir en la misma casa separados, se la da. Y lo hace porque a diferencia del resto de maridos que ven a su esposa como de su propiedad, él ve a Sue como una persona individual. La verdad es que es comprensivo, demasiado quizá teniendo en cuenta las ventoleras que le dan a Sue pero no se le puede reprochar ni criticar nada.

—Pero si la gente hiciera lo que quieres hacer tú, habría una desintegración general de la vida doméstica. La familia dejaría de ser la unidad social.
—¡Sí… Estoy hecho un mar de confusiones! —dijo Phillotson con tristeza—. Recuerda que nunca he sido un buen razonador… De todos modos, no veo por qué no podrían formar esa unidad la mujer y los hijos, sin el hombre.
—¡Por el amor del Cielo! ¡Un matriarcado! ¿Dice eso ‘ella’ también?
—No, claro. Ella no tiene ni idea de que yo he llevado sus propias ideas más lejos que ella misma (…).

Hardy ha levantado muchas ampollas con esta novela. No se casa con nadie (ja-ja). Así como muestra acciones deplorables de los hombres hacia las mujeres, también lo hace a la inversa. No solo critica el concepto de matrimonio y sexo, también la religión. Y me ha gustado mucho que los personajes principales estén definidos pero sin llegar a ese extremo de ser todo blanco o todo negro. Jude da título a la novela pero a mí, quién más me impactó ha sido Sue. Y eso que, como ya he dicho, me ha parecido inaguantable en muchas, muchas ocasiones.

Más fragmentos que me han gustado. Seguramente den una idea más clara de lo que mis palabras son capaces de hacer.

(…)
—A mí me parece que ya cansa tanto Jerusalén —dijo ella—; sobre todo teniendo en cuenta que no descendemos de judíos. Al fin y al cabo ni la ciudad esa ni sus gentes tenían la importancia que tuvieron una Atenas, una Roma, una Alejandría y tantas otras ciudades antiguas.

***

—(…) ¿Cómo es que has leído autores tan raros?
—Bueno —dijo ella pensativamente—. Por pura casualidad. Mi vida está formada completamente por aquello que, según dicen, hay de más original en mí. No les tengo miedo a los hombres ni a sus libros. Me siento unida a ellos, sobre todo a uno o dos, casi como si fuera de su mismo sexo. Me refiero a que ante ellos no tengo lo que les han enseñado a muchas mujeres: esa actitud defensiva frente a los ataques de sus virtudes; porque el hombre medio, el que no está embrutecido por un sensualismo salvaje, jamás molestará a una mujer de día o de noche, en casa o fuera de casa, a no ser que ella le dé pie. Hasta que ella no le diga con una mirada “Adelante”, él se sentirá temeroso; y si no se lo llega a decir o a insinuar con la mirada, jamás se lanzará. (…)

***

(…) He estado mirando en el libro de oraciones la ceremonia nupcial, y me parece humillante que se requiera la presencia de alguien para entregar a la novia. (…) mi esposo me elige por su libre voluntad, pero yo no lo elijo a él. Alguien ‘me entrega’ a él, lo mismo que si fuera una burra o una cabra o cualquier otro animal doméstico.

***

Era extraño que su primera aspiración —la de seguir unos estudios con aprovechamiento— se hubiera visto truncada por una mujer, y que la segunda —el apostolado— viniera a truncársela igualmente otra mujer. “¿Tendrán acaso la culpa las mujeres —se decía—, o la tendrá este artificial sistema de cosas bajo el que los normales impulsos del sexo se convierten en cepos domésticos y lazos que atrapan y sujetan a quienes aspiran a progresar?”

Mejor dejaré algún fragmento para poner más adelante en la sección del mismo nombre, que la entrada ya es bastante kilométrica.

La novela da muchas vueltas, hay muchos «ahora sí, ahora no» y a veces parece que se estanca, no avanza o que no nos está contando nada y… vale, hay cosas relatadas que no tienen importancia pero la mayoría sí está conectada y es importante. No se limita a ser un panfleto y ya. La he disfrutado. Así que, gracias Sylvia Plath por tu recomendación indirecta de esta obra y autor.

Puntuación: 8/10

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Bella Muerte 2. El oso

 

En esta historia intensa y poética la hija de una mujer agonizante hace un pacto con una de las parcas. Aplazar la muerte de la mujer para dar a su hijo la oportunidad de volver a casa y despedirse de ella. Pero el joven está en una trinchera en pleno frente de batalla en Europa. Las parcas de la Muerte y la Fortuna convergen para enfrentarse con la parca de la Guerra, que pretende cobrar una terrible factura.

 

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¡Qué ganas le tenía a este volumen! Con Bella Muerte me llevé una grata sorpresa e intuía que este no me iba a decepcionar.

Y la intuición no ha fallado. Me ha gustado tanto o más que el primero. Destaco sobre todo ese ambiente tan poético y onírico que nos envuelve desde la primera página. El dibujo, el guión y, sobre todo, esa forma tan absolutamente genial de usar el color. Otorga personalidad y es tan expresivo que causa impacto. Es imposible no pararse a mirar fijamente, deteniéndose en los detalles de cada página.

Pero que la poesía no nos engañe. La historia que han creado estas tres mujeres (DeConnick, Ríos y Bellaire), también tiene una carga importante de violencia al más puro estilo western.

Una de las cosas que más me han gustado es uno de los escenarios donde transucrre la historia, por ser uno que apenas he visto en novelas o cómics: la Primera Guerra Mundial. Supongo que los habrá pero yo no los he leído o no recuerdo. También me encantó el cuento del granjero, por la historia en sí y por cómo se aplicaba al escenario presente.

Siempre recomendaré dejarse llevar por Ginny, Alice y el resto de segadores. No defraudan.

Puntuación: 7/10

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  • Sobre mí

    Soy de Überwald. Comparto alguna cualidad con Grenouille, siento demasiada empatía hacia Gregor Samsa y Herman Hesse sabe agitar mis demonios interiores. Quiero a Cthulhu como animal de compañía.

    theunseenbooks@gmail.com

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