#15

A partir de un momento dado, perseverar es consentir decaer. Pero ¿cómo estar cierto de su declinar? ¿Acaso no puede uno equivocarse respecto a los síntomas? ¿Acaso la conciencia de decaer no implica una superioridad sobre la decadencia? Y, en este caso, ¿aún se está decaído? ¿Cómo, una vez más, saber que uno ha comenzado a derrumbarse, cómo determinar ese momento? El error es inevitable, pero poco importa, puesto que, de todas maneras nunca se muere a tiempo. Se va a la deriva y sólo cuando uno se hunde se confiesa residuo desechable. Y entonces ya es demasiado tarde para naufragar de propio grado.

El aciago demiurgo, Emil Cioran

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La piel fría

Huyendo en parte de su pasado como activista del IRA, el protagonista llega a una diminuta isla perdida en el océano donde la única edificación es una cabaña del meteorólogo y un faro. Su primera sorpresa consiste en comprobar que el único habitante de la isla no sale a recibirle, pero pronto esto se convierte en un detalle sin importancia cuando descubre que el faro es periódicamente atacado por seres procedentes del mar cuyos objetivos nadie conoce. No tarda en unir esfuerzos con el defensor del faro, Batis Caffó, pero con el paso de los días, y sometido a la extrema tensión de los ataques nocturnos, empieza a replantearse su actitud hacia los supuestos monstruos marinos.

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He conocido esta novela gracias a su recién estrenada adaptación cinematográfica y, aunque no he visto el trailer, las pocas imágenes sueltas que he visto por distintos medios, picaron mi curiosidad.

Confieso que me esperaba algo lovecraftiano. No ha sido así. ¿Decepción? Para nada. Incluso me atrevería a decir que me he alegrado al no ver apenas similitudes porque, como se suele decir, las comparaciones son odiosas, y podría no disfrutar tanto de esta historia de Albert Sánchez Piñol.

Nunca hubiera pensado que el infierno podría ser algo tan simple como un reloj sin agujas.

Hay acción desde las primeras páginas y no decae. Lo único que me desconectó un poco fue el cambio de narración durante el capítulo donde leemos las entradas de diario. En este caso no me gustó. Por lo demás, genial. Tres personajes, de los cuales sabemos el nombre de uno, se intuye el nombre de otro y nunca se llega a decir el del otro. Desesperación, angustia, fe, esperanza, resignación, … son algunos de los sentimientos que pululan a lo largo de las páginas.

Hay ocasiones en que negociamos nuestro futuro con el pasado. Uno se sienta en la roca apartada y hace esfuerzos por conseguir un pacto entre aquello que fue, grandes derrotas, y aquello que todavía ha de venir, auténtica oscuridad.

No es tan solo una historia de terror. Hace reflexionar sobre cómo nos enfrentamos al cambio, cómo nos relacionamos en situaciones límite y cómo podemos llegar a actuar con los que son diferentes. Muchos pensamientos del protagonista se han convertido en frases subrayadas.

Un tanto repetitivo y predecible, sobre todo llegando al final pero disfrutable igualmente.

Por eso era todo tan triste, porque el faro me descubría que saber la verdad no cambia la vida.

Puntuación: 6/10

El aciago demiurgo

En este libro se dedican páginas magistrales al conflicto entre politeísmo y monoteísmo, cuyas repercusiones filosóficas y políticas están muy lejos de haberse mitigado; aquí se hacen inolvidables reflexiones sobre el suicidio, se aprovecha una visita a un museo paleontológico para meditar sobre la corporeidad humana o se subraya la necesidad e imposibilidad, juntamente, de la liberación según el Buda.

 

 

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Acabo de conocer a Emil Cioran y ya sé que, seguramente, no le gustaría que hablase de él pero como está muerto, no se va a enterar.

Su obra «El aciago demiurgo» llegó a mí durante una charla con un amigo. Fue decirme un par de detalles sobre su corriente filosófica y querer leerlo YA. Y es que… ¿cómo podría resistirme a leer un ensayo de corte pesimista, nihilista y que aboga por el suicidio?

Cioran le ha dado palabras a muchas de mis sensaciones y pensamientos que nunca supe expresar. Es triste tener que recurrir a palabras de otros pero mucho más no encontrarlas nunca.

Diría que hay que escoger el momento para adentrarse en su lectura, sin embargo… ¿existe el Momento Adecuado para leer esta clase de obras?

Mi parte favorita ha sido el capítulo sobre el suicidio. Aunque el capítulo sobre Paleontología tampoco está nada mal. El capítulo sobre religión tampoco tiene desperdicio aunque no ha llamado tanto mi atención por ser un tema más manido en estos ambientes filosóficos.

Y como he subrayado la mayor parte del libro, me callo ya y dejo algunos de esos fragmentos para que, si hay alguien que no lo conozca y tenga curiosidad, sepa por dónde van los tiros.

Alguien completamente bueno nunca se resolverá a quitarse la vida. Esta proeza exige un fondo —o restos de crueldad. El que se mata hubiera podido, en ciertas condiciones, matar: suicidio y asesinato son de la misma familia. Pero el suicidio es más refinado, en razón de que la crueldad hacia uno mismo es más rara, más compleja, sin contar que se le añade la embriaguez de sentirse triturado por su propia conciencia.

***

Nadie se mata, como se piensa comúnmente, en un acceso de demencia, sino más bien en un acceso de insoportable lucidez, en un paroxismo que puede, si se empeña uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su límite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la razón.

***

Se debería por decencia elegir uno mismo el momento de desaparecer. Es envilecedor extinguirse como se extingue uno; es intolerable verse expuesto a un fin sobre el que nada se puede, que te acecha, te abate, te precipita en lo innombrable. Quizá llegue el momento en que la muerte natural esté totalmente desacreditada, en el que se enriquecerán los catecismos con una fórmula nueva: «Dispénsanos, Señor, el favor y la fuerza de acabar, la gracia de borrarnos del tiempo».

***

El futuro, ese precipicio, me aterra hasta tal punto que me gustaría ver desaparecer hasta la idea de él. Pues es en el fondo ella, mucho más que el deslizamiento hacia el abismo que encubre, lo que me angustia y me impide saborear el presente. Mi razón se tambalea ante todo lo que llega, ante todo lo que debe llegar. No es lo que me espera, es la espera en sí, es la inminencia como tal, lo que me roe y me espanta. Para hallar un simulacro de paz necesito aferrarme a un tiempo sin mañana, a un tiempo decapitado.

***

Mientras que la tristeza se justifica tanto por el razonamiento como por la observación, la alegría no reposa en nada, pertenece a la divagación. Es imposible ser feliz por el puro hecho de vivir; se está triste, por el contrario, desde que se abren los ojos. La percepción como tal vuelve sombrío, los animales son testigos. Sólo los ratones parecen estar alegres sin esfuerzo.

Puntuación: 7/10

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Hasta la última suela

«Cuando por un sitio no se puede pasar, hay que pasar. Se trata precisamente de eso». En esa frase de Albert Mummery, casi a modo de proverbio, se cifra el impulso inevitable que empuja a los seres humanos a adentrarse en las montañas.

Los cinco relatos que componen Hasta la última suela, buscan explicar ese mismo impulso, pero son además un apasionado canto a todas aquellas personas que se lanzan pendiente arriba, con el único objetivo de alcanzar el sueño inútil de una cumbre o una escalada de dificultad.

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De Gabriel Rodríguez García había leído otro libro de relatos (entrada aquí), el cual me había gustado mucho y por eso tenía curiosidad y ganas de leer algo más del autor. Y no me ha defraudado.

Me han gustado los cinco relatos. Cada uno tiene un no-sé-qué especial. Quizá sean los personajes, las historias en sí, el modo de narrarlo o todo a la vez pero no hay ninguno que me haya parecido flojo. Aunque siempre recordaré el comienzo de «Here Comes The Sun»:

No me gustaría ser malinterpretada si digo que mi hermano es un poco gilipollas; lo digo porque creo que todos los hermanos mayores son un poco gilipollas cuando ejercen como hermanos mayores y no porque crea que el mío sea especialmente gilipollas. Es gilipollas dentro de lo normal, podríamos decir.

También me agradaron los diferentes tonos, ritmos y lenguaje que tienen entre sí los relatos. Todos distintos pero con un nexo común: la montaña y las personas apasionadas por escalarlas.

Se nota que el autor es un escalador experimentado. No solo por el uso de los términos —fáciles de entender para los que no estamos metidos en este mundillo—, sino por todo el conocimiento y pasión que desprenden sus palabras.

Puntuación: 7/10

Jude el oscuro

 

Esta es la historia de un doble fracaso: el de un ideal de pareja fuera del derecho de familia. Novela fuerte y dura que, pese a la densidad de su entramado conceptual, entra de lleno en el modelo de relato realista. En el momento de su publicación en 1895 fue la primera novela que expuso claramente y sin tapujos la cuestión de las relaciones sexuales como un problema filosófico y vital abierto al debate público, cuestión que causó un gran escándalo y Thomas Hardy fue duramente atacado.

 

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Agarraos, porque creo que me va a quedar un comentario largo y ¡AVISO! lleno de spoilers, ya que lo he estado pensando y no sería capaz de hablar de esta obra de Thomas Hardy sin desmenuzarla un poco y con un montón de fragmentos. Y, aun así, sé que mis palabras no le harán justicia.

«Jude el oscuro» fue escrita en 1895 y ambientada en Wessex del mismo siglo. En esa época causó gran revuelo y hasta un obispo la quemó en público. Hay gente que dice que sus críticas sociales han quedado muy obsoletas, que todas las cuestiones que trata el libro ya están superadas y yo me pregunto si hemos leído el mismo libro. Si bien es cierto que algunas de ellas sí o, al menos, ya no se criminalizan tanto, otras siguen escandalizando a la sociedad y darse cuenta de lo poco que se ha avanzado en poco más de 100 años —que se dice pronto—, asusta.

Hay cuatro personajes bien definidos:

Jude. Un chico idealista que simplemente quiere vivir como siente, sin importarle lo que los demás opinen. De ideas y sentimientos claros. Comprensivo y muy paciente con algunas personas/situaciones.

(…) Se daba cuenta de que, a medida de que te haces mayor, y sientes que te hallas en el centro de tu existencia y no en un punto de su circunferencia como cuando eras pequeño, te da una especie de escalofrío.
Por todo tu alrededor las cosas parecen brillar, deslumbran, alborotan, y sus ruidos y destellos lastiman a esa pequeña célula que es tu vida, y la trastornan y la confunden.
¡Si pudiera él dejar de crecer! No quería llegar a ser hombre.

Arabella. Una mujer adelantada a su tiempo, dejándose llevar por sus instintos y entendiendo el sexo como un acto placentero, en vez de como una obligación. Es libre y le importa tres pepinos las habladurías.

Sue. No es asexual pero tampoco siente un deseo sexual fuerte y no le da importancia. También es una mujer adelantada a su tiempo pero diferente a Arabella. Sue, a pesar de que tiene ideas muy diferentes del resto de la sociedad sobre las relaciones, sufre en gran medida con el “qué dirán” y con su manera de ver las cosas. Cuando hace algo que le apetece se auto impone una penitencia y hace otras cosas simplemente porque es lo que la sociedad espera que haga. Es muy dramática, muy histriónica y eso me ha puesto de los nervios en varias ocasiones pero queda compensado con algunas de sus frases. Unos cuantos «zasca» bien dados. Pondré varios ejemplos más adelante.

—(…) la gente de nuestro alrededor va a hacer que sea también imposible. Sus ideas sobre las relaciones entre hombre y mujer son muy limitadas (…). Su filosofía sólo reconoce un tipo de relación basada en el instinto animal. Para ellos resulta desconocido el ancho campo de un gran afecto en el que el deseo desempeña cuando más un papel meramente secundario: el papel, ¿cómo diríamos?, de una Venus Urania.

Phillotson. Un hombre mayor del que se esperaría un pensamiento arcaico pero sorprende por todo lo contrario. Se casa con Sue y ésta un tiempo después le pide libertad. Él, en vez de obligarla a vivir en la misma casa separados, se la da. Y lo hace porque a diferencia del resto de maridos que ven a su esposa como de su propiedad, él ve a Sue como una persona individual. La verdad es que es comprensivo, demasiado quizá teniendo en cuenta las ventoleras que le dan a Sue pero no se le puede reprochar ni criticar nada.

—Pero si la gente hiciera lo que quieres hacer tú, habría una desintegración general de la vida doméstica. La familia dejaría de ser la unidad social.
—¡Sí… Estoy hecho un mar de confusiones! —dijo Phillotson con tristeza—. Recuerda que nunca he sido un buen razonador… De todos modos, no veo por qué no podrían formar esa unidad la mujer y los hijos, sin el hombre.
—¡Por el amor del Cielo! ¡Un matriarcado! ¿Dice eso ‘ella’ también?
—No, claro. Ella no tiene ni idea de que yo he llevado sus propias ideas más lejos que ella misma (…).

Hardy ha levantado muchas ampollas con esta novela. No se casa con nadie (ja-ja). Así como muestra acciones deplorables de los hombres hacia las mujeres, también lo hace a la inversa. No solo critica el concepto de matrimonio y sexo, también la religión. Y me ha gustado mucho que los personajes principales estén definidos pero sin llegar a ese extremo de ser todo blanco o todo negro. Jude da título a la novela pero a mí, quién más me impactó ha sido Sue. Y eso que, como ya he dicho, me ha parecido inaguantable en muchas, muchas ocasiones.

Más fragmentos que me han gustado. Seguramente den una idea más clara de lo que mis palabras son capaces de hacer.

(…)
—A mí me parece que ya cansa tanto Jerusalén —dijo ella—; sobre todo teniendo en cuenta que no descendemos de judíos. Al fin y al cabo ni la ciudad esa ni sus gentes tenían la importancia que tuvieron una Atenas, una Roma, una Alejandría y tantas otras ciudades antiguas.

***

—(…) ¿Cómo es que has leído autores tan raros?
—Bueno —dijo ella pensativamente—. Por pura casualidad. Mi vida está formada completamente por aquello que, según dicen, hay de más original en mí. No les tengo miedo a los hombres ni a sus libros. Me siento unida a ellos, sobre todo a uno o dos, casi como si fuera de su mismo sexo. Me refiero a que ante ellos no tengo lo que les han enseñado a muchas mujeres: esa actitud defensiva frente a los ataques de sus virtudes; porque el hombre medio, el que no está embrutecido por un sensualismo salvaje, jamás molestará a una mujer de día o de noche, en casa o fuera de casa, a no ser que ella le dé pie. Hasta que ella no le diga con una mirada “Adelante”, él se sentirá temeroso; y si no se lo llega a decir o a insinuar con la mirada, jamás se lanzará. (…)

***

(…) He estado mirando en el libro de oraciones la ceremonia nupcial, y me parece humillante que se requiera la presencia de alguien para entregar a la novia. (…) mi esposo me elige por su libre voluntad, pero yo no lo elijo a él. Alguien ‘me entrega’ a él, lo mismo que si fuera una burra o una cabra o cualquier otro animal doméstico.

***

Era extraño que su primera aspiración —la de seguir unos estudios con aprovechamiento— se hubiera visto truncada por una mujer, y que la segunda —el apostolado— viniera a truncársela igualmente otra mujer. “¿Tendrán acaso la culpa las mujeres —se decía—, o la tendrá este artificial sistema de cosas bajo el que los normales impulsos del sexo se convierten en cepos domésticos y lazos que atrapan y sujetan a quienes aspiran a progresar?”

Mejor dejaré algún fragmento para poner más adelante en la sección del mismo nombre, que la entrada ya es bastante kilométrica.

La novela da muchas vueltas, hay muchos «ahora sí, ahora no» y a veces parece que se estanca, no avanza o que no nos está contando nada y… vale, hay cosas relatadas que no tienen importancia pero la mayoría sí está conectada y es importante. No se limita a ser un panfleto y ya. La he disfrutado. Así que, gracias Sylvia Plath por tu recomendación indirecta de esta obra y autor.

Puntuación: 8/10

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El guardián del tiempo

Sarah es una adolescente más y al mismo tiempo se siente fuera de lugar, no le gusta su vida, no le gusta la gente que le rodea, ni su familia, ni sus compañeros, es solitaria y además ha sufrido su primera ruptura amorosa. Víctor es un empresario de éxito pero el destino le ha jugado una mala pasada, tiene una enfermedad terminal. Ambas personas en principio no tienen nada en común, sin embargo, los dos quieren cambiar el tiempo que les queda de vida, Sarah quiere acabar con su vida de manera temprana y Víctor quiere seguir viviendo y disfrutar de la vida. El Padre Tiempo, que regula las horas y los días, quiere mostrarle a Sarah y a Víctor el verdadero sentido del tiempo y para ello baja a la Tierra.

Impresión:  cow-huh

No recuerdo cómo conocí la existencia de este libro pero el caso es que lo tenía apuntado en la lista de libros que me gustaría leer y los reyes magos me lo dejaron junto con otros libros.

Es de esas historias que, aunque no te estén convenciendo del todo, te enganchan lo suficiente y pasas las páginas sin darte cuenta. No solo por constar de capítulos cortísimos y directos, sino por la estructura de fábula. Porque, en realidad, este libro es una fábula sobre el tiempo.

Hay tres personajes principales y dos de ellos me han parecido casi prescindibles. Demasiados tópicos, quizá.

A Sarah le habría dado dos guantazos para que espabilase. Sus 17 años no son excusa para ese comportamiento y ese «fracaso amoroso» del que habla la sinopsis… en fin, no quiero entrar en detalles para no hacer spoiler pero, en parte, su estado ha sido culpa de sus películas mentales. Supongo que habrá personas que empaticen más con ella y lo culpen a él pero… no, él simplemente es gilipollas.

A Víctor tampoco le he visto nada destacable. Otro tópico con patas. Meeeh.

Dor sí me ha gustado. Su historia está narrada de una forma que se acerca más a las fábulas antiguas. Se respira otro ambiente.

Siempre en busca de minutos, siempre en busca de horas, progresando a mayor velocidad para obtener más cosas cada día. Había desaparecido la alegría sencilla de vivir entre amaneceres.

Hay una parte en plan «Cuento de Navidad» que me chirrió un poco porque creo que se podría contar lo mismo sin caer en ese recurso tan manido.

Aunque en general me ha gustado creo que la literatura de Mitch Albom no es para mí. Me ha dado la impresión de que intenta dar esperanza de una forma que no va mucho conmigo. Ojo, no es Paulo Coelho pero… no sé, las cosas tan positivas, tan “adoremos la luz, los arcoiris y los algodones de azúcar” y yo chocamos. ¡Qué le vamos a hacer!

Para ser justos también debo decir que hubo un momento en el que pensé que su lectura puede ayudar a los adolescentes como Sarah, a restarle importancia a esas cosas que a esa edad nos parecen el fin del mundo.

Si después de leer esto no sabéis si me ha gustado o si lo recomiendo o no… tranquilos, yo tampoco lo sé jajaja. Lo he leído en una tarde sin perder el interés en ningún momento pero, como ya he dicho, esta literatura tan light no me entusiasma.

Puntuación: 5/10

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Moby Dick

Ismael, un maestro de escuela, se alista en un barco ballenero, el Pequod, junto a un arponero pagano llamado Queequeg. El navío está mandado por el capitán Ahab, un hombre que ha perdido una pierna en su enfrentamiento con una ballena denominada Moby Dick. Aunque la travesía parece amoldarse a los patrones habituales. Ismael se percata pronto de que el capitán del Pequod tiene un comportamiento peculiar.
Ahab es un marino competente pero su principal interés no es la captura de cetáceos, sino la venganza contra el animal que lo mutiló. Los oráculos siniestros van añadiendo a las singladuras un tinte tenebroso que llega a su clímax con el avistamiento de la ansiada ballena.

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(…) Estoy releyendo Moby Dick (…) boquiabierta y abrumada por las referencias bíblicas y shakespearianas, por la recreación luctuosa, fragante, de la grasa de la ballena, del ámbar gris, por la maravilla, el milagro del Leviatán gigantesco y estruendoso. Uno de mis pocos deseos: navegar en un ballenero (…) y asistir al proceso de convertir al monstruo en luz y calor. (…)

Lunes, 14 de abril de 1958
Diarios completos, Sylvia Plath.

Entre esa cita, una viñeta en Náufragos y un par de detalles más que se sucedieron todos seguidos, no pude ignorar más al destino. Debía leer de una vez por todas esta novela que llevaba tanto tiempo en mi lista de pendientes (en parte porque le tenía un enorme respeto). Había escuchado que es uno de esos clásicos que muchos son incapaces de acabar. Después de haberlo leído puedo decir que lo entiendo pero no por los motivos que pensaba.

Antes de entrar en faena advierto que no voy a enrollarme con todas sus posibles interpretaciones, ni simbolismos, ni a analizarlo en profundidad. Seguro que hay miles de webs donde encontrar este tipo de información (o incluso pequeños ensayos) mejor explicada y expuesta de lo que podría hacerlo yo. Me limitaré a dar mi humilde opinión de la narración.

Como decía, le tenía respeto. Creía que a la gente le costaba su lectura porque era una narración lenta, densa y con muchas descripciones. Algo que a mí no me molesta ni me desmotiva. Suelo disfurtar de esas características. Esto, sumado a un argumento interesante, fueron los culpables de que me lanzase con ganas y decidida.

(…) Todo lo que más enloquece y atormenta, todo lo que remueve la hez de las cosas, toda la verdad que contiene malicia, todo lo que resquebraja los nervios y endurece el cerebro, todos los sutiles demonismos de vida y pensamiento, todos los males, para el demente Ahab, estaban personificados visiblemente, y se podían alcanzar prácticamente en Moby Dick. Sobre la blanca joroba de la ballena amontonaba la suma universal del odio y la cólera que había sentido toda su raza desde Adán para acá, y luego, como si su pecho fuera un mortero, le disparaba encima la ardiente granada de su corazón.

A las pocas páginas intuí que, quizá, lo que le echaba para atrás a muchos lectores no era ese ritmo pausado y denso… no, más bien toda la información náutica que despliega Melville. No solo náutica, también nos da clases de cetología, como en un capítulo en donde se explaya gustosamente unas 15 páginas seguidas. Luego parece que se calma un poco y va salpicando con datos aquí y allá a lo largo de las casi 700 páginas de la novela. A mí todo esto no me desagradó ni me hizo querer abandonar pero en varias ocasiones me sacó de la historia porque me daba la sensación de que era la voz de Melville y no la de Ismael. En demasiados momentos me dio la impresión de que era un ensayo náutico, un informe o simplemente una forma de alardear de dichos conocimientos y la historia en sí, Ahab, Ismael y el Pequod no eran más que una excusa para hacerlo más ameno.

Sí, en algunos momentos se me hizo un poco cuesta arriba y un peñazo. Me gusta el mar, me gustan este tipo de historias pero… hay demasiados datos, demasiada información técnica que, imagino, solo disfrutará al 100% alguien muy apasionado del tema.

Hay muchas alusiones bíblicas y menciones a otros autores admirados por Melville. Incluso algún dato sobre personajes históricos. Este tipo de cosas también me daban la impresión, como decía antes, de que en «Moby Dick» hay dos partes entremezcladas, una narrada por Ismael y otra por Melville.

Con todo esto quiero decir que aunque tiene unos cuantos «peros» me ha gustado bastante. Todo lo que es la historia en sí, la ficción, donde aparecen Ahab y el resto de tripulantes, está muy bien. No es una novela donde se profundice demasiado en cada personaje, ni siquiera lo hace demasiado en quien nos cuenta lo sucedido (Ismael), pero sí se intuye bastante bien cómo es Ahab. Me tienta explayarme sobre las interpretaciones que han hecho en algunos estudios sobre a quién representa el capitán del Pequod pero tampoco soy una experta.

(…) Dios te ayude, viejo; tus pensamientos han creado en ti una criatura; y cuando alguien se hace un Prometeo con su intenso pensar, un buitre se alimenta de su corazón para siempre, y ese buitre es la propia criatura que él crea.

En resumen: me ha gustado, he disfrutado más de lo esperado aunque no se lo recomendaría a cualquiera. Es un libro que hay que cogerlo con muchas ganas, mentalizándose de que contiene algo más que una historia en alta mar y leerlo en una época en la que se disponga de tiempo porque aunque los capítulos son cortos, si te ves obligado a parar en uno de tantos en los que se enreda con tecnicismos y demás, puede desmotivar para seguir en otra ocasión. Es una obra compleja, con algún ligero toque de ironía y para leer sin prisas.

Puntuación: 7/10

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Aprender o estancarse

Al fin y al cabo, al principio estaba el hombre que sabía fabricar herramientas de piedra, y entonces apareció el hombre que trabajaba el bronce, así que el primero tuvo que elegir entre aprender a crear bronce también o cambiar de profesión por completo. Y el hombre que sabía trabajar el bronce se quedó luego sin empleo por culpa del que sabía trabajar el hierro. Y justo cuando este se felicitaba por ser tan listo, llegó el hombre que sabía fabricar acero. Es una especie de baile, en el que nadie se atreve a parar porque el que pare se queda atrás. Pero ¿no es como funciona el mundo, en pocas palabras?

A todo vapor, Terry Pratchett

Náufragos

naufragosDos sitios y dos épocas diferentes: el Madrid de los ochenta, en plena ebullición, y la Barcelona de diez años más tarde, una ciudad igualmente vibrante. Náufragos recrea la relación entre Alejandra y Julio en este espacio urbano y poético donde se entrelazan los sueños, el amor y la incertidumbre. En él compartirán experiencias y reflexiones, pero las circunstancias laborales y familiares los irán separando, pese al empeño de ambos por negar la evidencia de que sus vidas ya han tomado rumbos diferentes.

 

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Esta novela gráfica fue un auto-regalo de las pasadas navidades. Sabía de su existencia desde hacía tiempo y me llamaba la atención pero no me animé al 100% hasta que vi una reseña muy positiva del librero de la tienda de cómics que frecuento.
Solo sabía que estaba narrada en dos tiempos y ciudades. Madrid 1981 y Barcelona 1991. La sinopsis la he leído entera por primera vez cuando la he copiado aquí, así que realmente no sabía lo que me iba a encontrar.

Y lo que me he encontrado me ha gustado mucho. Sobre todo las viñetas tan bien cuidadas y con tanto detalle, tanto en primer como en segundo plano (algo que me encanta porque siempre presto atención a lo que, supuestamente, está al fondo pasando desapercibido). También me han gustado las referencias musicales, los libros mostrados y mencionados, ver dibujado El Puente de Toledo por el que he paseado en diciembre, un cuadro de Goya y pensar lo mismo que la protagonista, … Demasiadas cosas, es mejor que cada uno las vaya descubriendo por sí mismo.

La palabra que más leo/escucho sobre esta obra de Laura Pérez y Pablo Monforte es: nostalgia. Y sí, creo que puede sumir en ese estado fácilmente aunque depende de cada persona, de sus vivencias o de su empatía.

Con este tipo de historias siempre temo el final. Sorprendentemente, con esta no tuve “miedo” en ningún momento. No sé si porque confiaba en los autores o porque la leí de una sentada y la mente no tuvo tiempo de ponerse a dar vueltas jajaja. Estoy contenta con el final y con la historia en general. Queda más que recomendada.

 

Al menos no eres conformista. Yo sí. Te aseguro que es triste transformarse en ese tipo de persona a la que ya no afectan las decepciones.

 

Puntuación: 7/10

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Hitler y el nacimiento del partido nazi 1919-1939 (El joven Hitler IV)

hitler4Conocerás cómo nació el partido nazi y de qué forma Hitler tomó el control del mismo.
Conocerás sus planes para conquistar Latinoamérica.
Conocerás en qué forma ascendió al poder y cómo hizo frente a sus demonios.
Serás testigo del final de esa historia, la de los demonios de la mente.
Sabrás más de la extraña relación de Hitler y Freud.

Y conocerás a Otto Weilern, protagonista junto a Adolf de la saga de la Segunda Guerra Mundial, que continúa con los hechos narrados en estos libros, alcanzando hasta el final de la contienda.

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Última parte de la saga «El joven Hitler» escrita por Javier Cosnava. Llevaba con ella en el kindle desde el verano pasado porque, aunque no son novelas muy largas, quería leerla cuando el cuerpo me lo pidiese. Y me la pidió hace un par de tardes.

Sigue la estela de las anteriores, mezclando realidad y ficción. Aunque quizá esta es la que menos ficción contiene. Como dice su autor en su nota de Licencias literarias: «Muchas veces descubrí que no necesitaba inventarme nada porque de verdad había pasado algo igual o más increíble que mis propias elucubraciones».

Esta etapa de la vida de Adolf Hitler es de las más conocidas y quizá no sorprenda tanto y no haya las mismas ganas de ir al final para ver qué es real y qué invención del escritor pero sigue siendo entretenida y está muy bien cómo cambia algunos hechos para que coincidan y así hacerla más interesante.

Aunque a mí lo que más me ha gustado no ha sido ver la evolución de Hitler, sino conocer a Paul Orgozow. Un asesino en serie. No sabía de su existencia y me ha fascinado su historia. Se dedicaba a atacar a determinados tipos de mujeres y era un tanto chapucero. Sus escenas son las que leí con más interés (como ya digo, estos 20 años de Hitler son bastante conocidos por todos).

(…) La forma en que Paul pensaba de las mujeres es la forma en que los nazis pensaban de las otras razas.

Bueno, en realidad no es el último libro. «La Segunda Guerra Mundial, 1939» lleva el mismo subtítulo y, por lo que he visto, sirve de conexión con la tocho-novela del mismo título. La cual algún día también leeré.

Puntuación: 6/10

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    Soy de Überwald. Comparto alguna cualidad con Grenouille, siento demasiada empatía hacia Gregor Samsa y Herman Hesse sabe agitar mis demonios interiores. Quiero a Cthulhu como animal de compañía.

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