El aciago demiurgo

En este libro se dedican páginas magistrales al conflicto entre politeísmo y monoteísmo, cuyas repercusiones filosóficas y políticas están muy lejos de haberse mitigado; aquí se hacen inolvidables reflexiones sobre el suicidio, se aprovecha una visita a un museo paleontológico para meditar sobre la corporeidad humana o se subraya la necesidad e imposibilidad, juntamente, de la liberación según el Buda.

 

 

Impresión:

Acabo de conocer a Emil Cioran y ya sé que, seguramente, no le gustaría que hablase de él pero como está muerto, no se va a enterar.

Su obra «El aciago demiurgo» llegó a mí durante una charla con un amigo. Fue decirme un par de detalles sobre su corriente filosófica y querer leerlo YA. Y es que… ¿cómo podría resistirme a leer un ensayo de corte pesimista, nihilista y que aboga por el suicidio?

Cioran le ha dado palabras a muchas de mis sensaciones y pensamientos que nunca supe expresar. Es triste tener que recurrir a palabras de otros pero mucho más no encontrarlas nunca.

Diría que hay que escoger el momento para adentrarse en su lectura, sin embargo… ¿existe el Momento Adecuado para leer esta clase de obras?

Mi parte favorita ha sido el capítulo sobre el suicidio. Aunque el capítulo sobre Paleontología tampoco está nada mal. El capítulo sobre religión tampoco tiene desperdicio aunque no ha llamado tanto mi atención por ser un tema más manido en estos ambientes filosóficos.

Y como he subrayado la mayor parte del libro, me callo ya y dejo algunos de esos fragmentos para que, si hay alguien que no lo conozca y tenga curiosidad, sepa por dónde van los tiros.

Alguien completamente bueno nunca se resolverá a quitarse la vida. Esta proeza exige un fondo —o restos de crueldad. El que se mata hubiera podido, en ciertas condiciones, matar: suicidio y asesinato son de la misma familia. Pero el suicidio es más refinado, en razón de que la crueldad hacia uno mismo es más rara, más compleja, sin contar que se le añade la embriaguez de sentirse triturado por su propia conciencia.

***

Nadie se mata, como se piensa comúnmente, en un acceso de demencia, sino más bien en un acceso de insoportable lucidez, en un paroxismo que puede, si se empeña uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su límite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la razón.

***

Se debería por decencia elegir uno mismo el momento de desaparecer. Es envilecedor extinguirse como se extingue uno; es intolerable verse expuesto a un fin sobre el que nada se puede, que te acecha, te abate, te precipita en lo innombrable. Quizá llegue el momento en que la muerte natural esté totalmente desacreditada, en el que se enriquecerán los catecismos con una fórmula nueva: «Dispénsanos, Señor, el favor y la fuerza de acabar, la gracia de borrarnos del tiempo».

***

El futuro, ese precipicio, me aterra hasta tal punto que me gustaría ver desaparecer hasta la idea de él. Pues es en el fondo ella, mucho más que el deslizamiento hacia el abismo que encubre, lo que me angustia y me impide saborear el presente. Mi razón se tambalea ante todo lo que llega, ante todo lo que debe llegar. No es lo que me espera, es la espera en sí, es la inminencia como tal, lo que me roe y me espanta. Para hallar un simulacro de paz necesito aferrarme a un tiempo sin mañana, a un tiempo decapitado.

***

Mientras que la tristeza se justifica tanto por el razonamiento como por la observación, la alegría no reposa en nada, pertenece a la divagación. Es imposible ser feliz por el puro hecho de vivir; se está triste, por el contrario, desde que se abren los ojos. La percepción como tal vuelve sombrío, los animales son testigos. Sólo los ratones parecen estar alegres sin esfuerzo.

Puntuación: 7/10

Guardar

Guardar

Anuncios

H.P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida.

yl8g5Autor de la Llamada de «Cthulhu», «Dagón» y «En las montañas de la locura», H.P. Lovecraft, maestro indiscutible del horror y de lo fantástico, sigue siendo objeto de una fascinación muy especial por parte de nuestros contemporáneos. Fue un hombre extraño, al igual que sus escritos. A pesar de haber nacido en una ciudad portuaria, sintió siempre auténtica fobia al mar. Profundamente apático, hostil a todos los valores del mundo moderno y, a fin de cuentas, de un racismo visceral, sufrió durante toda su vida pesadillas recurrentes. Su intento de llevar una vida normal se saldó con un fracaso. Michel Houellebecq recorre un itinerario fuera de lo común, saludando en Lovecraft al autor de un mito fundador, y extrae de sus escritos un alegato en favor de una literatura vertiginosa, “yuxtaposición de lo minucioso y lo ilimitado, de lo puntual y lo infinito”.

Impresión:

Los ensayos no son obras que me llamen especialmente la atención, tiene que atraerme mucho la temática o el autor para que le dé una oportunidad y es el caso de «H.P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida» de un autor hasta ahora desconocido para mí, Michel Houellebecq. Y es que, aunque no he leído toda la obra de Lovecraft, es uno de mis favoritos.

La verdad es que no hay mucho más que se pueda añadir a la sinopsis. Lo que vas a encontrar en sus páginas es eso, una pequeña biografía del estadounidense mezclada con extractos de algunas de sus obras y la opinión y la historia de cómo lo descubrió Houellebecq.

Pensé que iba a ser uno de esos libros a los que no le dedico una entrada pero hay varios fragmentos que me han gustado y no quiero olvidarlos.

El libro comienza con una cita de la que no necesitaría apuntar para recordarla (y eso pasa muy pero que muy pocas veces):

Quizás haya que haber sufrido mucho para apreciar a Lovecraft
– Jacques Bergier

Un poco más adelante:

Cuando uno ama la vida, no lee. Ni tampoco va al cine. Digan lo que digan, el acceso al universo artístico queda más o menos reservado a los que «están un poco hasta el gorro»

Esta quizá sea más debatible. Pero lo que sí es verdad es que cuando llevas una vida llena de distracciones y pocas preocupaciones, apenas eres consciente de lo que pasa a tu alrededor. Los libros, el arte en general pasa más desapercibido. Puedes seguir leyendo, sí, pero quizá ya no es tan importante porque no te refugias en historias de ficción para olvidarte de tu realidad. La lectura/el arte cambia de significado. En mi humilde opinión.

Sobre los personajes:

Incluso podríamos decir que la deliberada insipidez de los personajes de Lovecraft contribuye a reforzar la fuerza de convicción de su universo. Cualquier rasgo psicológico demasiado acusado podría sesgar su testimonio, arrebatarle un tanto de su transparencia; saldríamos del terreno del horror material para entrar en el ámbito del terror psíquico. Y Lovecraft no quiere describir psicosis, sino realidades repugnantes.

Sobre su vida personal no hay muchos detalles. Me llamó la atención la parte donde cuenta que de los 18 a los 23 apenas hay datos. Que se pasaba el día en casa, sin salir y deambulando por la casa por las noches. Se sentía mayor, le había afectado haber dejado atrás la niñez. Se convirtió en un hombre apático.

En la biografía de Lovecraft hay muy pocos acontecimientos. «Nunca ocurre nada» es uno de los temas principales de sus cartas. Pero puede decirse que su vida, ya reducida a tan poca cosa, habría estado totalmente vacía si Sonia Haft Greene no se hubiera cruzado en su camino.

Y pensaréis «ooooh qué bonito» PERO un hombre hastiado, harto de la humanidad no cambia tan fácilmente, ni siquiera por amor. El matrimonio, aunque duró poco, bastó para sacar lo mejor/peor de Lovecraft. Su estancia en Nueva York sirvió para que su misantropía, racismo y su odio en general creciese todavía más. Y de vuelta a su Providence natal, comenzó a escribir lo que serían sus «grandes textos». Esos que, post mortem, lo hicieron un referente, un mito.

Como escribe en 1918, «cualquier racionalismo tiende a minimizar el valor y la importancia de la vida, y a reducir la cantidad total de dicha humana. En muchos casos la verdad puede provocar el suicidio, o al menos a determinar una depresión casi suicida»

silviadesign

Dibujo a lápiz por S. Design

No es un ensayo pesado; todo lo contrario, es muy ameno de leer y tan cortito que dura un suspiro. Aunque está orientado para todos aquellos que ya conocen su obra o son fans, las personas que sólo lo conozcan a través de los videojuegos/juegos de mesa de rol, pueden sentirse igualmente atraídos por su figura. O al menos es una de las anécdotas que cuenta Houellebecq de un evento de firmas.

Puntuación: 6/10

  • Archivos

  • Categorías

  • Sobre mí

    Soy de Überwald. Comparto alguna cualidad con Grenouille, siento demasiada empatía hacia Gregor Samsa y Herman Hesse sabe agitar mis demonios interiores. Quiero a Cthulhu como animal de compañía.

    theunseenbooks@gmail.com

  • ¿Has leído alguno de los libros que comento? ¿No has visto tu libro favorito de un autor mencionado y quieres recomendármelo? ¿Te ha gustado (o todo lo contrario) una entrada? ¡Escribe sin miedo! Todos los comentarios son bien recibidos.

    Guardar

  • Follow The Unseen Books on WordPress.com
  • Anuncios